

Descubrí tu ausencia en la sombra que me fue oscureciendo
en un violento desgarro, en un eco lastimero.
Sólo me dejaste con tu nombre entre mis dedos
en esa tinta dorada que de rojo se fue tiñendo.
¿Qué te hiciste corazón que a poco me estoy muriendo?
Te veo en el horizonte y te escucho en el silencio
te siento entre las aguas que arrullan mis pensamientos
o entre la brisa que pasa dejando un amable cuento.
Despierto y no te veo, al cerrar los ojos contemplo
esa tu risa lejana y esos tus hermosos crespos.
¿Qué te hiciste corazón que a poco me estoy muriendo?
Dejaste tu espacio vacío confundiendo mis sentimientos
en gritos que se apagaban antes de tocar el viento.
Agitado por tu ausencia los latidos iba perdiendo
y a pocos el final acosaba los recuerdos.
Lágrimas se dejaron ver al mirarte en el espejo
quise coger tu rostro, era un fantasma travieso
que apareció para irse de nuevo a un mundo ajeno.
¿Qué te hiciste corazón que a poco me estoy muriendo?
Estoy sólo como al principio antes de entrar en el tiempo
y la vida se hizo vida cuando apareciste en un sueño
no sabía quien eras en medio de mis desvelos
y en un beso que dejaste la risa surgió en mi cuerpo.
¿Quién eras? – preguntaba a quienes venían de lejos
todos decían lo mismo aumentando los enredos.
Estoy mirando el ocaso y de él soy prisionero
contemplo mi porvenir y nada claro yo veo.
¿Qué te hiciste corazón que a poco me estoy muriendo?