Llegaste a mi cuarto no se cómo
en esa oscuridad que hechiza
te sentaste en mi cama y me miraste
con la sonrisa de siempre
la que me confundió una mañana de sol
mirando el mar en la playa
Afuera detrás de la ventana llovía
su sonido me refrescaba
la brisa que por la rendija entraba
acariciaba mi cara.
Miraba las blanquecinas paredes de mi cuarto
Estabas ahí
no sé como entraste
y te sentaste en el quicio de mi alma
donde te esperaba en mis sueños
con tu vestido de siempre
con tu risa de siempre
con ese tu rostro que me atrapó en una esquina
y me obligó a seguirte
Te dije: ¡hola! –no me escuchaste
me mirabas como siempre lo habías hecho
así lo recuerdo
desde que te vi por vez primera
dejando tu canto en sensaciones
que me obligaban a mirarte.
La noche era la noche pero estabas ahí
entraste no sé como
atravesando los muros de adobe negro
de adobe blanco
de adobe fresco
cogiste mi corazón lo limpiaste
volviendo a su movimientos vitales.
Despierto o dormido no me daba cuenta
noche de insomnio
noche de vagos recuerdos
noche de dudas y de ausencias
noche de sueños letales.
Cogiste mis manos me diste un beso y te marchaste
atravesando los muros de adobe negro
de adobe blanco.
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